BUENA PRÁCTICA MÉDICA, LEX ARTIS Y AUTONOMÍA DEL PACIENTE

Iraburu M. Herrero M.

Hospital Virgen del Camino de Pamplona. Hospital Reina Sofía de Tudela.

La preparación profesional del médico es harto exigente. Se diría que no tiene fin dados los continuos y cada vez más vertiginosos avances científico-técnicos que le exigen una puesta al día permanente.

Hasta hace unos años, el paciente se ponía en manos del facultativo y éste actuaba según sus conocimientos, su habilidad técnica y su experiencia. Hoy en día, sin embargo, el enfermo puede rechazar un tratamiento plenamente indicado y la ley ampara la primacía de sus consideraciones personales sobre los criterios objetivos. Esta situación resulta en muchas ocasiones difícil de aceptar por un profesional volcado en buscar, desde un punto de vista técnico, la mejor opción disponible. El problema reside precisamente aquí, en la definición de la mejor opción.

La Lex artis –literalmente, “ley del arte” –se ha venido empleando en el mundo jurídico como expresión de la corrección técnica. Así, la buena práctica médica (BPM) era aquella que se ajustaba a dicho canon. Algunos profesionales siguen reivindicando la primacía de la técnica sobre los valores, pero el artículo 8 de la ley 41/2002 dice: “Toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado”.

Por ello, la BPM debe contemplar en la actualidad no sólo la corrección técnica, sino también el respeto a la autonomía del paciente. Y, así, el profesional, además de indicar lo más idóneo para resolver una determinada patología, deberá tener en cuenta las convicciones del afectado. Buscar la mejor opción para esa persona concreta precisará del reconocimiento, por parte de ambos, a la libertad y dignidad del otro.

Conclusión: La irrupción de la autonomía del paciente en la relación clínica ha obligado a redefinir patrones clásicos de BPM, como el de la Lex artis, de corte exclusivamente técnico. Una atención de calidad exige recordar el carácter poliédrico del ser humano, que le lleva a dar prioridad a determinados aspectos de su realidad según su particular manera de entender la vida. Este cambio de paradigma exige una reflexión profunda por parte de los profesionales sanitarios sobre los objetivos de su quehacer profesional.

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